Reconozco que la noche me sorprende, noches como esas merecen la pena, si alguien ha visto Midnigth in Paris de Woody Allen, sabrá que trata de una esperpéntica historia de un hombre que sale a encontrarse con la noche cada día, y parece ser trasportado a los años 20, la edad de oro en Paris, junto a personas genuinas de la época, Hemingway, Scott Fitzgerald, Dalí, Picasso y un montón de zumbados que imprimen un aire místico a la noche, son noche que te trasportan en el tiempo, y aparecen desbordados por la propia locura de cada uno de estos personajes, él no sabe muy bien que esta haciendo con esa gente, pero de alguna forma fluye en esos espacios.
Hay sitios que se utilizan para solo ciertas cosas, en este caso para perder la noción del tiempo,no sabes a lo que vas, hay veces que no pasa nada, otras... pasa de todo, las interacciones entre desconocidos, los intercambios de palabras y un montón de situaciones que se elevan exponencialmente, tras cada sorbo de cazaya, que entra quemando en tu esofago y eclosiona junto con los mares de cerveza que bajan las corrientes sanguíneas y nos castigan el hígado.
Los dados rodaban sobre la mesa y Wilson me contaba de donde venía y de que trabajaba, me enseñaba su carnet que le acreditaba como conductor de vehículos especiales y camiones, y su amigo ponía cara de poker porque no tenia la menor idea de como se jugaba a aquel juego, aunque parecía poner toda su capacidad en hacerlo bien, luego su sonrisa de pendejo le delataba, sinceramente no se quien es Wilson, y probablemente ahora me este inventando su nombre, solo se que la música estaba por encima del nivel que recomiendan en la OMS, y era rock y me desentendía de todo, Wilson hablaba, su primo hablaba, el tio que me recomendó la serie de Wilfred hablaba, Javi hablaba, el local y las paredes me estaban hablando, el griterió de las 50 personas que había allí dentro se colaba por debajo del futbolin, atravesaba ese sucio charco del baño con dudosa viscosidad, luego saltaba la barra rodeaba la cintura de la camarera y volvía a mi en forma de eco.
Hacia media hora que había dejado de vocalizar con precisión, el alcohol enciende la chispa pero mata el rendimiento... nuestras bocas estaban incendiadas, y la hilera de quintos que se asociaban sobre la mesa empezaba a ser inabarcable a la vista de nuestros ojos, luego tengo un par de lo que mi profesora de Memoria llamaría "islotes de memoria", luces flasheandome en la cara y un par de imágenes borrosas.
y yo lo cierto es que no me plantee que hacia cruzando aquella selva a las 5 de la mañana, Viveros de noche es genial, no hay una sola luz, los arboles parecen respirar entre el silencio, no es que se me halla perdido nada allí dentro, pero era.. simplemente genial, mil maneras de perderse en la noche siguiendo la dirección hacia donde apuntaba la varilla de una brújula cótica,.. es lo que pasa con los campos magnéticos, que te atrapan, y así, sumando disonancias hasta llegar a casa. A la mañana siguiente desperté entre el resopor de las sabanas, mientras me miraba las manos, y volvia a cabezear contra la almohada en un eterno loading antes de volver a volver a empezar.
Ojos de serpiente
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